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Capitulo 3,página 19

Capitulo 3,página 19

Marta, y muy poco a poco le fue acariciando con su dedo pulgar la cara de esta. Marta no pudo resistirse más y decidió que era hora de sellar ese momento juntando sus labios con los de Wesley.            

Wesley y Marta decidieron parar el tiempo, ajenos a la música y a la gente que los envolvía. Solo estaban ellos dos. No había ni pacientes con problemas psicológicos, ni animales a los que curar, ni amigos con los que hablar, ni siquiera cualquier inquietud que hubieran podido tener. Durante ese instante solo se tenían el uno al otro, y a nadie más. 

- Estás preciosa esta noche-dijo Wesley con ternura.

- ¿Solo esta noche?- le preguntó Marta de forma traviesa.

- Sabes muy bien la respuesta- le dijo mientras le abrazaba fuerte entre sus brazos. Ella se sintió reconfortada y protegida, mientras Wesley percibía que ella era el complemento que había estado esperando.            

La noche se hizo mucho más corta de lo que Marta y Wesley habían sospechado en un principio. La despedida fue dura y los mensajes vía móvil no tardaron en enviarse al poco de haber partido a sus respectivos hogares, como si hubiera hecho una eternidad que sus vidas se hubieran vuelto a separar.

- Menos mal que solo sois amigos-le dijo Julio a Wesley mientras le golpeaba con el codo.

- Buf, la verdad es que es una chica muy especial-le contestó Wesley.

- Hacía tiempo que se veía venir, ya era hora que dierais algún paso adelante-corroboró Sandra-. Además, que sepas que, como ya te dije hace tiempo, me cae muy bien. Su amiga Lidia es maja, pero no se ve de tan buena pasta como ella. Congeniamos bien, es divertida, es guapa y se arregla de manera que me gusta.

- No hace falta que se la vendas tanto, que ya van por buen camino-dijo Julio.

El trío rió divertido. Para Wesley era importante la opinión de sus amigos al respecto, aunque lo más relevante era lo que sentía y pensaba él. Siguieron caminando hasta llegar a la plaza Trilla, lugar donde se separaban sus caminos. Julio acompañaría a su novia que vivía más abajo en Torrent de l’Olla, cerca de donde él, que vivía en la calle Siracusa. Wesley estaba a quinientos metros de su casa, y decidió sentarse en un banco como solía hacer habitualmente. Pero esta vez no se paró a pensar en su futuro

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