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Capitulo 3, páginas 20-24

Capitulo 3, páginas 20-24

- Bueno, ya sabes lo que dije en la presentación del curso, creo que no tienes ninguna posibilidad-dijo en un tono serio el doctor.

- Si no puede ser, pues no será. Quizás es porque me gustará o valdré más para otra cosa. Pero tengo confianza en mis habilidades y me gusta conseguir lo que me propongo. No lo he decidido porque se hubiera puesto de moda por alguna serie ni nada por el estilo. Ha sido una decisión meditada. Y estoy convencido que, esforzándome lo debido, sumado a la experiencia que pueda adquirir junto a un gran profesional de la materia, podré lograrlo. De todas formas, muchas gracias por advertírmelo, y créame que lo tendré en cuenta.             

Enrique se quedó pasmado y comenzó a estudiar más detenidamente al chaval que tenía delante. Tenía una presencia admirable, se sentaba de forma ni rígida ni informal, su forma de mirar era penetrante y directa a los ojos, aunque su actitud denotaba cierta timidez. No era un chico que se preocupara especialmente por su imagen como los llamados metrosexuales que corrían por ahí, no era ni extremado ni provocativo. Sus entradas, su corpulencia, su manierismo y su manera de hablar hacían que pareciera mayor que lo que su edad decía. Desde luego, este no era un chico corriente. No lo conocía lo suficiente, pero normalmente su olfato no le fallaba. Por primera vez en mucho tiempo, comenzó a notar dentro de él la emoción de encontrar a un alumno capacitado para conseguir grandes cosas. Obviamente, se tendría que pulir y tratar. Un diamante, por muy brillante que sea, tiene muchas impurezas que hay que limar. Pero sería una tarea gratificante.             

Habían pasado unos veinte minutos cuando Wesley salió del despacho del doctor Álvarez. Según él creía, la entrevista había ido bien, pero prefería no hacerse ninguna expectativa. Esta vez sí envió un mensaje a Marta, ya le había dicho que esta vez ya le diría como había ido. Habían pasado dos días desde su primer beso con la morena de los mofletes rojizos, y aún le parecía estar viviendo en una nube.            

Los días se fueron sucediendo pero algo en la vida de Wesley había cambiado. Seguía yendo al gimnasio, jugando a fútbol, disfrutando con su familia de conversaciones mientras cenaban, viendo a Pol cada miércoles y saliendo con sus amigos, pero ahora su prioridad era Marta. Y eso le asustaba un poco. Aunque muy seguro de sí mismo, temía que ella se planteara las cosas y le dejara plantado. Aquel viernes él le había llevado al mirador del Tibidabo, donde se vislumbraba toda Barcelona. Wesley estaba de suerte, el cielo estaba lleno de estrellas que brillaban. Él no le había dicho a Marta donde iban, y le había colocado una venda en los ojos para que no se percatara de la sorpresa. Cuando paró el coche, le ayudó a bajarse del mismo, y, muy suavemente, le fue quitando el trozo de tela que le cubría sus preciosos ojos.

- Ya está-dijo Wesley.

- Es precioso-dijo Marta mientras observaba con atención el paisaje-. ¿Sabes que muchos vienen aquí pero no solo para ver las estrellas, no?- le dijo guiñándole un ojo.

- Sabes que no te he traído por eso. Además-dijo sarcásticamente- hace frío.

- Je, esa si ha sido buena. La verdad es que no me lo esperaba. Muchas gracias.

- Eso no es todo, cierra los ojos.

- ¡Ah! ¿Pero aún hay más? Si que me he portado bien, ¿no?

- No sé, no sé-respondió Wesley divertido-. Toma, una rosa para la más bella de las flores. 

Marta sonrió, olió la rosa y suspiró, la dejó en el coche y abrazó a Wesley con todas sus fuerzas. Le encantaba sentirse protegida bajo aquel cuerpo tan musculoso y fuerte. Además, Wesley le abrazaba con una ternura que le hacía poner los pelos de punta, pero eso era algo que no le iba a confesar.

- ¿Cómo te va con tus tíos?-preguntó Wesley.

- Bien, pero no dejan de pelearse. En el fondo creo que se quieren, pero a veces se me hace difícil verlo. El otro día volví a soñar con mamá.

- ¿Así?

- Sí, ¡me gustaría tanto que te hubiera conocido!

- Ya, y a mi también me hubiera gustado conocerla. Debe de ser maravillosa la persona que ha creado esta preciosidad.

- ¡Eso no lo dirás por mi padre! ¡Porque de maravilloso no tiene nada!                       

Wesley, sin saber que decir, le abrazó más fuertemente y le besó en la frente. Marta estaba sentada apoyando la espalda en Wesley. Hacía un año que conocía a Marta, y al poco tiempo de haberse conocido ella ya le había explicado su historia. El padre de Marta abandonó a su madre y a ella cuando Marta tenía seis años. Juana, la madre de Marta, deprimida antes que su marido la abandonase, se suicidó expresando por escrito, como único deseo, que su hermana y su cuñado se cuidarán de su pequeña, a la que quería.

- Creo que en el fondo creo que ella fue una cobarde y optó por la solución más fácil-dijo una medio llorosa Marta.

- Creo que te entiendo, porque como lo he vivido no te lo puedo decir, pero de todas formas, cuando una persona está deprimida puede llegar a ver el día a día como un desafío, y al final lo que quiere es dejar de luchar. No estoy diciendo que lo justifique, simplemente que es una enfermedad muy grave. De hecho, la depresión se da en la mujer con una frecuencia casi el doble de la del hombre[1]. Factores hormonales pueden contribuir a la tasa más alta de depresión en la mujer. En particular, los cambios del ciclo menstrual, el embarazo, el aborto, el periodo de posparto, la premenopausia y la menopausia. Muchas mujeres tienen más estrés por las responsabilidades del cuidado de niños, el mantenimiento del hogar y un empleo. Algunas mujeres tienen una mayor carga de responsabilidad por ser madres solteras o por asumir el cuidado de padres ancianos. En el caso de tu madre, se juntaron varios de estos factores. Según lo que me has contado, lo más probable es que tu madre padeciera depresión severa, ya que esta se manifiesta por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para trabajar, estudiar, dormir, comer y disfrutar de actividades que antes eran placenteras.

- ¿Y esto es hereditario?-preguntó una Marta preocupada.

- No te voy a mentir, en algunas familias la depresión severa se presenta generación tras generación. Sin embargo, la depresión severa también puede afectar a personas que no tienen una historia familiar de depresión. Sea hereditario o no, el trastorno depresivo severo está a menudo asociado con cambios en las estructuras o funciones cerebrales. Pero tú no te preocupes, princesita, que a ti no te va a ocurrir nada de eso. Además, estoy contigo para lo que haga falta.

- Je, ¿para que te crees que estoy con un loquero?-dijo ella riéndose- ¿Sabes qué?

- ¿Qué?

- Jamás había estado con un chico como estoy ahora contigo, me refiero a tener estos sentimientos. Había estado con otros chicos, pero solo por curiosidad o porque eran guapos físicamente, no por los mismos motivos por los que estoy ahora contigo.            

Él inclinó su cabeza hacía delante hasta ponerla a la inversa de cómo la tenía Marta. Le sonrió, y mientras le acariciara el pelo, le besó tiernamente los labios. Ella se estremeció, entreabrió sus labios, y el beso se prolongó en una dulcísima cadencia.



[1] Blehar MD, Oren DA. Gender differences in depression. Medscape Women's Health, 1997;2:3. Revisado de: Women's increased vulnerability to mood disorders: Integrating psychobiology and epidemiology. Depression, 1995; 3:3-12.

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