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Capitulo 4, página 25

Capitulo 4, página 25

Capítulo 4

- Hoy hablaremos acerca de los psicópatas-dijo el doctor Álvarez-. Se ha escrito mucho sobre los motivos que llevan a uno a cometer un crimen, pero, a diferencia de los demás crímenes, los psicópatas cometen asesinatos por el placer de matar. Son individuos sin emociones, excepto en situaciones de riesgo.            

Llevaban unos meses de clase, y por fin comenzaban a tocar el tema por el que Wesley estaba más interesado. Se le había despertado el interés de forma especial cuando tenía doce años y vio la película M, el vampiro de Düsseldorf, realizada en 1931 por el director alemán Fritz Lang. En la película se relata la historia de Hans Beckert, un psicópata asesino de niñas que dio origen a una de las obras maestras del cine policiaco de todos los tiempos. La figura de Hans Beckert estaba inspirada especialmente en Peter Kürten. Wesley se sabía de memoria la historia del psicópata ya que se había documentado buscando en varias fuentes diversas. 

Criado en un ambiente deplorable, Peter Kürten era hijo de un padre alcohólico con muy mal carácter, que solía pegar a su mujer y a sus hijos. A temprana edad Peter comenzó a vivir como un vagabundo de pequeños hurtos, dando muestras a tan temprana edad de instintos criminales: disfrutaba estrangulando ardillas, cometiendo además actos zoofílicos con ovejas a las que degollaba una vez alcanzaba el orgasmo. En una ocasión incluso trató de violar a una de sus hermanas más jóvenes. Con treinta años cometió su primer crimen sexual cuando violó y degolló a una niña de trece años. Años más tarde, cuando él contaba con cuarenta años, su vida pareció dar un giro y contrajo matrimonio con una mujer de buena familia. Fue entonces cuando cambió de aspecto, vistiendo con mucha elegancia y porte. Como la mayoría de sádicos sexuales, Kürten parecía llevar una vida normal. Sin embargo, entre 1925 y 1930 se sucedían en la pequeña localidad alemana de Düsseldorf una oleada de crímenes como no se había visto una desde los tiempos de Jack el Destripador en Londres. La policía, con métodos más modernos que los que había podido tener Scotland Yard en 1888, tardó varios años en tener alguna pista del misterioso criminal al que terminaron apodando como el “El vampiro de Dusseldorf” o “El rey del crimen sexual”. Kürten tenía por costumbre el beber la sangre de sus víctimas y, a veces, hacía arder a sus víctimas simplemente para complacerse viéndolas arder en una terrible agonía, como por ejemplo hizo con una niña de nueve años. Hubo varios inculpados hasta que Kürten cometió un grave error en

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